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Pegatinas de la DGT con complejo de Willy Fog

por May 14, 2019

La decisión de implantar la obligatoriedad de los distintivos físicos medioambientales en los vehículos para acceder a Madrid Central a partir del 24 de abril ha propiciado el nacimiento de un extraño y novedoso suceso, unas pegatinas con más kilómetros a sus espaldas que un ‘Seiscientos’.

Las compañías de rent a car, las cuales renuevan sus flotas cada nueve meses como máximo, están sufriendo en sus bolsillos las consecuencias de tener que llevar el distintivo en la luna delantera de sus vehículos para poder acceder a Madrid Central, lo que tiene un coste de dos millones de euros anuales. Un millón por la compra de las propias pegatinas y otro por tener la flota parada hasta que llega esa etiqueta.

En esta inmovilización de la flota está la clave. Y es que, si buceamos en el funcionamiento de las compañías alquiladoras de coches sin conductor, las flotas no permanecen inmóviles, tienen un flujo constante de movimiento entre territorios. De esta manera, cada coche nuevo que entra a la flota debe llevar la pegatina para poder acceder a Madrid Central, ya que en cualquier momento podría necesitarla, pero no todos los vehículos se matriculan en la capital española, por lo que las pegatinas tienen que viajar hasta donde estén los nuevos coches. Es decir, tenemos una ‘pegatina perseguidora’ que corre como el Coyote detrás del Correcaminos.

En este sentido, además de que la maquinaria administrativa que se debe poner en marcha es desmedida, también se dan situaciones cómicas en las que el coche que había dormido en una campa en Valencia ha viajado a Barcelona con un cliente al volante antes de que le llegara la pegatina de la DGT, por lo que el adhesivo con complejo de Willy Fog viaja desde Madrid a Valencia para encontrarse con que ahora debe ir a Barcelona para poder ser puesta en el vehículo correspondiente, pero en ocasiones sin la certeza que este vaya a estar esperándole, el cual puede haber sido alquilado y viajado a otro nuevo territorio del país que la pegatina tendrá que visitar. De locos.

Este constante traslado de vehículos de una comunidad autónoma a otra sumado a la inoperatividad logística de la entrega de las pegatinas conforma un cóctel molotov que acaba explotando en las manos de las compañías de rent a car, la cuales se ven obligadas a retener sus flotas hasta que todas tengan el adhesivo correspondiente para evitar así mayores costes logísticos provocados por el síndrome de las pegatinas perseguidoras que danzan al son del ‘cuando tú vas yo vengo de allí’, que cantaba Chenoa.

Desde este 24 de abril ya es obligatoria la pegatina y, aunque ya son muchos los que la han adquirido y la lucen en su luna delantera, algunos despistados aún no se han acercado a correos a por el distintivo y otros tantos rebeldes sin causa han decidido no adquirirla por decisión propia. Es de sabios rectificar y más aún cuando una decisión no ha tenido en cuenta a qué nivel podía llegar a afectar a todas las personas y entidades implicadas. A nadie le gusta tirar el dinero, pero duele más cuando se conoce la solución y el problema se ha convertido en buscar el ‘cromo’ que te falta para cerrar la colección, que en este caso se llama flota de vehículos de alquiler.

El Ayuntamiento se Madrid ya ha demostrado ser capaz de llevar a cabo procedimientos telemáticos para el control de este tipo de regulaciones, como es el caso de la ITV o el control de la tipología de vehículos para la zona SER. Solamente queda saber si prefieren seguir esperando a que alguna de las pegatinas de la DGT consiga dar la vuelta completa a España o si apostarán por un sistema más operativo, efectivo y rentable para todos.

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