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¿Parque eléctrico en 2050?

por | Ene 8, 2019

Poco más del 1%. Este es el porcentaje de vehículos eléctricos que ahora mismo se venden en el mercado. Con estos datos sobre la mesa, que evidencian que estamos ante un parque tradicional y bastante poco alternativo todavía, no es necesario tener una bola de cristal para predecir que el objetivo -no vinculante- del Gobierno de que en 2050 sólo circulen coches cero emisiones resulta bastante poco realista.

Los expertos lo corroboran: de hecho, Solera, que abandera el Smart Data en el mundo del automóvil, afirma que en una hipótesis en la que el 10% anual de las matriculaciones fueran de eléctricos se tardarían 172 años en lograr electrificar el parque al completo. En otra más idílica bajo el supuesto de que desde este año solo se compraran eléctricos en España, se conseguiría este objetivo para 2036, es decir, cuatro años antes de lo previsto por el Gobierno. No parece muy viable, ¿verdad?

Lo que sí es verdad es que las ventas de coches eléctricos aumentan continuadamente, pero no nos engañemos: los porcentajes de crecimiento son muy altos porque el punto de partida es muy bajo y los volúmenes representan todavía una porción testimonial del gran mercado de la automoción.

Así, el Marco Estratégico de Energía y Clima, aprobado recientemente en Consejo de Ministros y con la que el Gobierno tira de ambigüedad para no pillarse los dedos, parece haber sido consciente de que no puede prohibir, teniendo en cuenta los obstáculos que todavía debe salvar. Y es que la falta de infraestructuras de recarga necesarias de cara a este aumento de los vehículos eléctricos es un básico, por no hablar del precio que hace difícil todavía su democratización o, lo que es lo mismo, su elección como primer vehículo. De hecho, sólo dos de cada diez hogares se pueden permitir un eléctrico.

DANDO LA ESPALDA AL TURISMO

Esta prudencia que el Gobierno Central ha tenido, en contraste con el Govern Balear, es una muestra de que la electrificación del parque llegará, pero hay que preparar bien la transición, desarrollando planes coherentes de incentivos y de movilidad, pensando en qué infraestructuras se necesitan, estableciendo plazos realistas y, sobre todo, sin saltarse la neutralidad tecnológica.

De lo contrario, el veto a los motores tradicionales hará que sectores económicos estratégicos se vean seriamente dañados. Ya no hablamos solo de la automoción, sino también del turismo, palanca de crecimiento donde los haya. Vayámonos a un destino clave como es Baleares, donde tenemos un claro ejemplo.

Las islas ya vienen apostando fuertemente por la electrificación del parque. Sin ir más lejos la ley de Cambio Climático y Transición Energética que el Govern Balear aprobaba recientemente prohíbe la circulación de los vehículos diésel a partir de 2025 y los de gasolina a partir de 2035, de manera que a partir de este año todas las flotas del rent a car deberán ser eléctricas.

Dejando al margen la incoherencia de que una ley regional sea más restrictiva que una nacional, estamos hablando de una discriminación que restará competitividad a Baleares como destino turístico porque si algo es el turismo es movilidad. Y es que quitar los diésel y gasolina de las flotas de los alquiladores provocará, obligatoriamente, un aumento de los precios que habrá que repercutir; y cuando el usuario vea que el alquiler del coche le cuesta tanto como el hotel, acabará eligiendo otro lugar para pasar las vacaciones, afectando al sector turístico balear y consecuentemente al empleo.

En lugar de usar las flotas de rent a car como cabeza de turco señalándolas como foco de contaminación y de la congestión de las ciudades, hay que tener en cuenta su papel como motor económico y como distribuidoras del gasto en el territorio. Por tanto, hay que llevar a cabo una electrificación basada en la coherencia y, sobre todo, garantizar el derecho a la movilidad de todos y cada uno de los ciudadanos.

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